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El viaje del heroe, entre el laberito y los dos hemisferios - Parte 1

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Voy a empezar con una cita, de Seneca, que me viene bastante bien para empezar con el tema:

"No hay ningún viento que sople favor para el que no sabe dónde va."

La vida me persigue con este asunto, y quizás no sea yo el más adecuado para hablar de esto, pero le he dado unas cuentas vueltas a lo largo de mi vida.

La falta de rumbo... en fin.

El caso es, que el deseo nos dice a dónde vamos. Sin él, la dirección y la fuerza del viento nos da un poco igual. Y sin embargo, si preguntamos a la mayoría de gente, qué desea de verdad, se produce un silencio incómodo, o una respuesta express a modo de huída inconsciente, una especie de mentira (quizás de mentira a uno mismo, incluso).

Tranquilo, ni tú ni la gente de tu alrededor estáis rotos. Hay un par de razones por las que cuesta saber qué se desea de verdad. Una psicológica: confundimos deseo con necesidad. Y otra neurológica: la parte de la mente que habla, no tiene acceso a la parte donde vive el deseo.

Desiderare: echar de menos las estrellas

Me encanta la etimología de las palabras. Deseo viene de desirerare: de-, negación o privación, y -siderare, "estrellas". Echar de menos las estrellas.

No es un antojo. Es una falta. Algo que recuerdas vagamente y que ya no está.

Pero claro, aquí entra la mala prensa del deseo. Este, se asocia con lo material, lo superficial, lo egoista, lo "poco espiritual". Aprendemos muy pronto a aceptar lo que dicen que está bien y a rechazar lo que dicen que está mal, y el deseo suele ser de lo que está mal casi siempre. Así que el primer paso es sencillo, pero difícil: darse permiso para desear sin judgarse.

Conviene aclarar algo porque suele mezclarse: el ansia es la raíz del sufrimiento, no el deseo. No son lo mismo. El ansia quiere la cosa en si. El deseo no es poseer, es expansión, dirección; nos dice dónde vamos.

En la Kabbalah se debe explicar (yo no me la he leído, es de fuente de terceros):
"El alma es una vasija de deseo que, al llenarse de luz, se expande, se vacía y vuelve a llenarse, creciendo con cada ciclo hacia una plenitud más elevada."

Lo que quiero no es lo que deseo

Confusión seria. Confundir lo que sea desea con lo que se quiere.

Ejemplo un poco tonto, pero sirve para entender esto: imagina que quieres torrijas. Te dan una. Y luego te dan otra, y otra, infinitas torrijas. En algún momento seguramente te hartes y no quieras más torrijas. Y es que seguramente, no buscabas la torrija en si, si no lo que este te hacía sentir. La esencia de la cosa.

Con el dinero pasa lo mismo. Casi nadie quiere dinero. Se quiere viajar, comer bien, una posición social o llegar bien a fin de mes y vivir relajado. El dinero es el cómo. Y si se persigue el cómo confundiéndolo con el qué, la hostia llega al conseguirlo, llega la sensación de vacío, no paras y buscas otra cosa. Porque no era eso lo que buscabas.

Si lo que quieres es viajar, quizás no sea dinero lo que necesites. La vida puede poner el cómo. Y esta, es la parte que más cuesta: conectar con lo que de verdad se quiere sin decirle a la vida cómo tiene que dárnoslo.

Tres maneras de averiguarlo

El test del alma. Noche de verano, cielo despejado, se ven las estrellas y en tu cabeza escuchas un "wow". Ese "wow" es la referencia. Cuando algo es un deseo propio, se siente exactamente así, a través del alma. Si al pensar en lo que quieres no aparece nada parecido, sino tensión, cálculo o urgencia, probablemente no sea por ahí. Es el susurro de las estrellas a media noche.
Y ojo, puede doler igualmente. Un deseo verdadero, puede doler mucho, sobretodo si se ha tardado años en verlo. El dolor no lo invalida. Lo invalida que sea otra cosa disfrazada.

Distinguir necesidad de deseo. Todos tenemos necesidades. Protección, seguridad, reconocimiento. El problema no es tenerlas: es confundir satisfacer una necesidad con hacer realidad un deseo. Se desea un proyecto; se necesita sentirse seguro. Son cosas distintas y hay que cubrirlas por vias distintas.

Muchas de esas necesidades son cosas que quedaron a deber en la infancia. Y aunque sean carencias pasadas, hay que cubrirlas ahora. Lo más natural que puede hacerse es reconocerlas y cubrirlas como adulto.

Porque si no se cubren, el inconsciente encuentra su manera. Y sus maneras son malas. Al negar una necesidad (porque están mal visto tenerlas) en lugar de satisfacerla se acaba manipulando a los demas, o a uno mismo.

Los cinco "por qué". Preguntarse cinco veces seguidas por qué se queire algo. Cada respuesta se convierte en la siguiente pregunta. Al quinto, o antes, aparece algo que ya no es un cómo.

La regla que cubre las tres: la necesidad mantiene en supervivencia, el deseo transforma. La necesidad, cuando la cubres, te permite sobrevivir. Nada más y nada menos. El deseo es lo que transforma. Y funciona en las dos direcciones: si te dejas llevar por el deseo las necesidades se van satisfaciendo por el camino.

Ahora el otro mapa

Lo anterior explicaba qué es lo que se confunde. Ahora toca el por qué es tan difícil verlo.

Hemisferio izquiero: el mapa. Hemisferio derecho: el territorio.

El izquierdo es el del lenguaje literal. Ordena, clasifica, nombra, planifica. Es mega útil y es el que responde responde cuando alguien te pregunta qué quieres de la vida. El problema es que el hemisferio izquiero no ve los conjuntos, no ve las relaciones agrupadas. Ve las piezas sueltas.

Los dones, los recursos más profundos, las heridas más antiguas. Nada de eso está en el mapa. Está en el territorio. Simplemente no somos conscientes de ello. Es algo así como un "no sé qué sé".

Me gustaría añadir además otra cosa, y es que el inconsciente no está solo en el hemisferio derecho, ni en el sistema limbico (conjunto de zonas del cerebro que trabaja para controlar emociones y otras cosas). Está también en el cuerpo. Por eso, el lenguaje metafórico, y prácticas como el yoga, o el qi gong, son buenas no solo para el cuerpo si no para la mente. No son gimnasia. Son formas de acceder al territorio.

Tres mecanismos para borrar el territorio

Lo difícil no es solo que el mapa sea incompleto. Es que el mapa trabaja activamente para que el territorio no exista. Lo hace de 3 formas:

Represión. El lóbulo frontal izquierdo bloquea, a nivel preconsciente, la llegada de información incómoda desde el hemisferio derecho. Así que no es que no se quiera ver, es que no llega.

Proyección. Coloca en otras personas la parte de uno mismo que no se quiere reconocer. Lo que más irrita del otro, suele ser material propio.

Confabulación. El hemisferio izquiero se inventa una realidad paralela, la percibe como cierta y la usa para autoengañarse. Y lo hace con plena convicción.

Con estos tres mecanismos funcionando a la vez, la pregunta "¿qué deseo de verdad?" tiene las posibilidades justitas para recibir una respuesta sincera si responde solo la cabeza.

El hemisferio derecho, en cambio, tiene la capacidad de conectar con el inconsciente colectivo, con eso que se llama distinto según distintas tradiciones: supraconsciencia, campo akáshico, Dios. Y puede de alguna forma conectar con todos tus organos, porque no hay exactamente solo un cerebro, podríamos decir que "cada organo tiene el suyo".

Los pendulos: donde se va la energía

Hasta aquí, dos obstáculos: se confunden el deseo con la necesidad y nuestra querida mente racional pretende hacer como que el territorio donde vive el deseo no existe. Queda un tercero. Los dos primeros impiden ver. El tercero impide moverse. Porque aunque el deseo estuviera clarísimo, hace falta energia para empezar el camino. Y existen estructuras dedicadas a robartela.

Un péndulo, es una estructura que se genera en la realdad y cuyo único fin es que muchas personas se adhieran a ella y le entreguen su energía. No hace falta que nadie lo diseñe con ese fin. Se crean solos. Las redes sociales, las religiones, partidos políticos, modas, las noticias incluso. Hasta tu pareja puede funcionar como pendulo.

El mecanismo es simple: cuanta más energía se cede a estas estructuras, menos queda para recorrer el camino propio.

Un ejemplo pequeño y cotidiano. El asterisco en tu analítica del colesterol. Se disparan las alarmas del cuerpo => miedo. Y con ese miedo entregamos el poder al médico que también está asustado. Eso es un péndulo funcionando a la perfección: convierte una cifra en una identidad y consigue capturar la energía de todos los implicados.

Entras en el miedo / preocupación / queja => empezarás a notar que algo debora tu energía.

Salir de la zona de confort tiene un orden

Para el hemisferio izquierdo, el viaje empieza en un territorio del que ya tiene el mapa. La zona de confort. Salir de ahí implica pasar por tres fases, y en este orden concreto:

hundimiento -> descubrimiento -> evolución

No hay atajo. El hundimiento va primero. El mapa viejo no existe para el territorio por explorar.

El poéma de Ítaca dice lo mismo de otra manera: está bien querer llegar a un sitio, pero lo rico de verdad es el camino, no el destino. La felicidad aparece durante el trayecto. No es "cuando llegue seré feliz", si no que "llegaré si soy feliz en el proceso".

Este texto es una reflexión personal, no un artículo científico ni un consejo profesional. Mezcla cosas que he leído, cosas que me han contado y cosas que he vivido, y todo pasa por mi propio filtro.

Tómalo como lo que es: una invitación a darle vueltas a las cosas. Quédate con lo que te sirva y deja el resto.

Bibliografía:

  • Libro:The master and his emissary - Iain McGilchrist

  • Libro: El camino del despertar - Mario Alonso Puig

  • Serie de vídeos youtube: Laberinto del eneagrama, El Sendero.

Published on 8/13/2026

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