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El primer paso es del cuerpo, no de la cabeza - Parte 2

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En la parte 1, hablamos de dónde vive el deseo: en el territorio, no en el mapa. Y que la cabeza que es la que responde cuando pregunta, no tiene acceso.

Así que la pregunta práctica es, si no se llega pensando: ¿cómo se llega hasta ahí?

La respuesta incomoda un poco, sobretodo si eres un ser racional y analítico (lo que en astrología le dicen ser muy virgo, pero qué sabré yo de eso). Moviéndote. El deseo no se descubre primero para seguirlo después: se descubre siguiéndolo. Cuando se pone en marcha, deja de ser una idea y se convierte en proposito. De ahí la definición más útil y más simple:

Proposito = movimiento

Luego, implica: si estás paralizado, no estás en propósito. Da igual lo bien pensado que tengas lo que quieres. Pero tiene una ventaja: lo puedes comprobar hoy.

Racionalizar el miedo es una forma de esconderlo

El primer tramo del laberinto (del punto 1 al 4, lo que podría ser la autobiografía) se atraviesa con miedo. Es normal y está previsto.

Lo que no está previsto es lo que suele hacerse con él: racionalizarlo. Explicarlo tan bien y quedar como chico prudente. "Ahora no es el momento", "cuando la situación cambie..:", "primero tengo que..." ¿Razonable? Sí... pero no dejan de ser excusas.

Vamos a desmontar esto: y es que si sabemos lo que queremos, si sabemos que podemos cambiar, si otros los han conseguido... ¿qué pasa entonces?

Aunque parezca que se hace todo bien, importa el desde dónde se hace. La misma acción desde lugares distintos, da resultados distintos. Y una acción hecha desde el miedo, por muy correcta que sea, genera bloqueo. Una decisión tomada desde el deseo, pone en movimiento, aunque sea una mala decisión.

Da igual que una decisión sea buena o mala, mientras se tome desde el deseo. Desde el miedo, hasta la decisión correcta, bloquea.

El miedo no es obstáculo, es energía

Aquí viene el giro.

El miedo, cuando se quiere algo, es la voz que impide avanzar. Aparece justo en el momento de moverse, no antes. Y la reacción automática, es una de dos: obedecerle o pelearse con él. Y las dos fallan, porque ambas parten de lo mismo: tratarlo como enemigo.

El miedo no es más que energía. Una energía muy densa y muy potente, que se ha etiqueta como "malo" y por eso esa energía se convierte en nudo pequeño que a la ver se convierte en un núcleo que quema internamente, cuando podría ayudarte a fluir.

Y lo que se hace habitualmente es tener miedo al miedo. Esa es la trampa. El problema no está en la energía, está en el miedo a lo que sentimos.

Existe una tercera opción, y consiste en mirarlo de frente y amplificarlo:

  1. Cierra los ojos. Locarlízalo en el cuerpo. Siempre está en un sitio concreto: nudo en la garganta, presión en el pecho, tripa cerrada.

  2. En lugar de apartarse, ve hacia allí. Amplifícalo. Hazlo más grande a proposito.

  3. Al amplificarlo, deja de ser "miedo" y se revela como lo que es: enegía en bruto.

  4. Permite que se expanda por el cuerpo. Siéntela. Deja que llegue a las partes que la necesitan.

  5. Y entonces pregunta --al cuerpo, al corazón, al alma, como lo quieras llamar--: ¿hacia dónde dirijo ahora todo esa energia que antes llamaba mierdo?

Al hacer esto, se reconfigura en los 4 planos: la mente elimina la etiqueta miedo, las emociones y sensaciones conectan, amplifican y lo aceptan en lugar de resistirlo , el cuerpo siente por todo esta nueva información, y el plano espiritual al dirigir esa energía hacia una decisión tomada con plena consciencia.

El error de fondo es siempre el mismo: resistirse al miedo y al dolor en lugar de conectar con ello.

El primer umbral es somático

El otro mapa dice exactamente lo mismo con otro vocabulario, y aporta el cómo.

En el viaje del heroe, hay 3 umbrales que ayudan a reconectar con el inconsciente. Cada uno tiene sus pruebas y sus oportunidades. El primero es somático: habla de reconectar con el cuerpo y con las sensaciones profundas. Al cruzarlo, aparece la conexión con lo digestivo, lo cardico, lo celular y lo muscular.

Es decir: primer umbral y el primer tramo del laberinto son "la misma cosa". Ninguno de los dos se cruza pensando.

Hay una condición previa que no se puede saltar: si estamos tensos, o crispados, no vamos a conseguir conectar con el cuerpo, que es la puerta de entrada al hemisferio derecho. Y para relajarse hay un orden. Primero, poner atención en la respiración´. El ego (el hemisferio izquierdo) va a intentar controlarla, es lo que hace siempre. Pero tú solo observa, la respiración debe volverse lenta, ritmica y profunda por si sola.

Un aviso útil aquí: aunque te repitas que estás relajado, si el cuerpo da señales de que no lo está, es que no lo está. El cuerpo ni negocia, ni miente. La cabeza sí.

El Hara: la pregunta fuera del mapa

Si hay un lugar desde el que hacer preguntas, es este.

El centro de gravedad, es lo que en medicina oriental se llama Hara: el punto donde se juntan, en el plexo solar, las fibras del simpatico y el parasimpático. Dos rama del sistema nervioso autónomo (SNA), el que funciona sin que se lo pidamos. Y la vía pricipal de freno es el nervio vago (tengo enlace), que comunica con el segundo cerebro, el sistema entérico, parte de ese SNA también, el sistema inmune y la microbiota. Al Hara también se le conoce como Manipura o tercer chakra.

Para el preguntar al Hara es fácil, solo requiere de paciencia:

Se formula un pregunta desde el Hara (una pregunta que esté fuera del mapa, de esas que la cabeza no sabe responder) y se deja que responda. Se lanza, se conecta, y se espera. Con ilusión, paciencia y confianza.

Lo que no se puede hacer es esperar la respuesta como la esperaría el hemisferio izquierdo. No te va a gruñir tu estomago la respuesta en castellano, ni rápido, ni en el momento en el que la pides. Llega a través de áreas del cerebro que sí entienden, y eso es importante, aunque el tardes en poder verbalizarlo.

Esa paciencia no es solo una manera de preguntar: es una manera de estar. Estar centrado en el Hara es como entender que hay estaciones y que todas son necesarias. Se puede pasar por un momento de tristeza sabiendo que uno es mucho más que siente en ese momento.

Cuando se pierde esa conexión, pasa lo contrario, el simpático toma el mando y el freno deja de funcionar. La hiperactividad entra en juego y se lleva la energía por otro lado y llena la sangre de cortisol. Por eso, el cuerpo ayuda a volver: hay posturas, como la horse stance, que contrarrestan esas poses que adoptamos en momentos de actividad simpática, y nos hacen sentir el presente de nuevo.

La instrucción práctica: ante cualquier situación difícil o de lucha, conecta con el Hara. Acepta.

Lo que te entusiasma, puedes hacerlo hoy

Test fácil para saber si lo que sientes es propósito o humo.

Lo que te entusiasma es algo que puedes hacer ahora. Si no puedes, es capricho.

El entusiasmo es energía interna que mueve. Se tiene dentro, no se busca fuera. Y si no produce moviemiento, no era eso. Lo que suele pasar es que se juzga, se niega y se aplaza. Y solo cuando se le da espacio aparece el siguiente paso. No el plan entero. El siguiente paso.

Por eso, las acciones tienen que ser pequeñas. Muy pequeñas. Si son grandes, se convierten en expectativas o en capricho, y eso mata el entusiasmo. Dar un paseo al sol, leer un libro, escuchar un amigo, hacer un dibujo. Eso reactiva.

El propósito, es más simple de lo que se piensa. Cuesta conectar con él por todo lo que tiene encima --, capas de dolor, juicios, dudas. En la medida en la que estén activados el dolor, el juicio, el enfado con la vida, con los demás, con el sistema, esas capas, impiden contectar. Si te dejas guiar por el propósito, es tan simple como "me apetece hacer tal" => "voy a hacerlo".

El este tramo, el bloqueo típico es: ponerse en espera. Justificarse. Enfadarse. Resistirse esperando una certeza para avanzar. La certeza vendrá después movimiento, no antes. De hecho, ya llegerá si es que llega.

Cuatro pasos para no perderse

Cuando hay movimiento, conviene tener estructurado como seguir:

  1. Tener clara la intención. ¿Para qué se hace esto? ¿Qué efecto se busca?

  2. Marcar el objetivo.

  3. Un plan pequeño, accionable y conectado con la intención.

  4. Escribir cómo se va sintiendo con ello.

El cuarto punto, parece el menos importante, pero no es así. Es el que permite detectar si se está actuando desde el deseo o desde el miedo, es el que determina el resultado.

Y entonces aparece la señal

En cuanto hay moviemiento real, empiezan a aparecer señales. Este es el punto 4 del laberinto,

Aquí llega otro malentendido.

Las señales no son mensaje del universo dando instrucciónes. Las señales son el espejo de la energía que tienes dentro.

Eso tiene una consecuencia importante: el sistema se activa tanto con el deseo como con el miedo. Aparecen señales en ambos casos. Por eso, una señal no dice por sí sola si "sí" o si "no" -- te dice que energía llevas. Verifica el miedo, y te da la oportunidad de corregir. O verifica el deseo para poder seguir.

Lo que solemos hacer más es colocar las creencias encima de la señal en lugar de usar la señal como parte del camino. Un ejemplo: alguien lleva meses publicando lo que escribe y casi nadie lo lee. Un día llega un único mensaje de un desconocido: "esto me ha ayudado". Puede leerse como "meses de trabajo para una sola persona" o como "ya ha llegado a alguien, merece la pena ¡sigamos!". El mensaje es el mismo; lo que cambia es la creencia de quien lo lee. Si al encontrar la señal se ve lo que apaga en vez de lo que enciende, son las creencias limitantes gobernando sobre la realidad. Ahí es donde hay que darse cuenta y expandir la creencia.

Todo depende de quién es el que mira.

Dos advertencias:

No lleves tus dudas a otro. Aquí lo que pasa es que otro acaba volcando sus propias creencias sobre tus señales y acabas con un mapa que no es ni si quiera el tuyo.

Ante la señal hay que elegir: expandirse o evadirse. No hay tercera opción, y no decidir también es evadirse.

Este texto es una reflexión personal, no un artículo científico ni un consejo profesional. Mezcla cosas que he leído, cosas que me han contado y cosas que he vivido, y todo pasa por mi propio filtro.

Tómalo como lo que es: una invitación a darle vueltas a las cosas. Quédate con lo que te sirva y deja el resto.

Bibliografía:

  • Libro:The master and his emissary - Iain McGilchrist

  • Libro: El camino del despertar - Mario Alonso Puig

  • Serie de vídeos youtube: Laberinto del eneagrama, El Sendero.

Published on 9/30/2026

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